Cada año desde 2005, un colectivo de investigadores del Proyecto Global del Carbono produce y difunde un balance global del carbono que cuantifica las emisiones de CO2 del año anterior y luego asigna ese carbono a la atmósfera, el océano o la tierra. Este cuidadoso recuento de la perturbación humana del ciclo natural del carbono, acompañado de la cuantificación de las incertidumbres en cada término fuente y sumidero, permite a la comunidad científica entender y vigilar los principales componentes y los procesos que contiene el ciclo global del carbono.

El balance anual del carbono también proporciona un recurso muy valioso dentro de un marco de política climática, proporcionando un registro definitivo de las tendencias recientes, así como actualizaciones cuantitativas de las emisiones permisibles para unos objetivos dados de estabilización climática. Con una justificación sólida, se pueden describir los balances anuales del carbono como productos de alta calidad científica con fuerte relevancia política.

¿Un balance para el carbono?

Para realizar el seguimiento de un balance financiero, se deben conocer los saldos entre ingresos y gastos. Del mismo modo para el carbono, con el CO2 de la atmósfera como la “cuenta” relevante, se cuantifican las entradas (fuentes) y las salidas (sumideros).

Un balance global del carbono determina la entrada de CO2 en la atmósfera procedente de las emisiones de las actividades humanas, compensada por su salida (almacenamiento) a los reservorios de carbono en la tierra o en el océano. Podemos escribir el balance del carbono en una forma relativamente simple:

Fuentes = cantidad en la atmósfera + cantidades en los sumideros; donde los sumideros representan cantidades retiradas de la atmósfera y aportadas al océano o a la tierra.

Para una cantidad dada de emisiones, cuanto menos carbono vaya a la tierra o al océano más quedará en la atmósfera.

Más específicamente

Emisiones procedentes de la combustión de combustibles fósiles + emisiones derivadas del cambio de uso de la tierra = aumento de la concentración en la atmósfera + cantidad que va (química y biológicamente) al océano + cantidad que va a la vegetación terrestre y a los suelos.